Ese espécimen de arriba, llamado por sus vendedores Epson C48, es un ejemplo de cosa mal hecha. No sé si los diseñadores de Epson tienen mucho sentido del humor, o pretendían fomentar que el usuario colaborase activamente en la impresión, pero es que falla más que una escopeta de feria. Para empezar, el cargador de páginas es muy pequeño, apenas caben 30 o 40 folios. Así que si imprimes algo largo, cada pocos minutos tienes que ir a reponerla… Siguiente fallo, funciona mejor sin la pieza que se supone que mejora la entrada de las hojas en la impresora. Esto ya es de gilipollas… ¿un aparato que funciona mejor si le quitas piezas?
En fin… Luego, si imprimes a doble cara estás casi jodido, porque seguro que se salta alguna página sin que te des cuenta y te rompre toda la maquetación, así que más te vale estar atento. Y para rematar, el driver que tiene la impresora se vuelve loco cada dos por tres, entrando en furia berserker y escupiendo hojas sin parar hasta agotarse, eso cuanto no le da por imprimir sobre hojas inexistentes, malgastando tinta y ensuciando el interior.
Resultado: una impresora mona (para decorar la mesa tampoco esta mal, con plástico transparente y tal…) que en cuanto se ponga a imprimir te monta un cristo del quince. Y bueno, cierto que no podía pedirle demasiado, era del sector más barato (<80€), ¡pero aún así necesitaba desahogarme contra ese aparato infernal contra el que lucho desde hace meses cada vez necesito imprimir algo!





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