
Este fin de semana se corre la última carrera del Mundial de Coches Rápidos (Fórmula Uno). Alonso tiene una desventaja de cuatro puntos y un equipo que le odia, y Raikonnen aún peor, que tiene siete menos que el preferido del jefe, Hamilton.
Entonces, salen las cábalas y elucubraciones con los cálculos que pueden hacer que pierda Hamilton (que ganen Alonso o Raikkonen es secundario, el asunto es que ese tío pierda, en eso estaremos todos de acuerdo). Pero yo lo veo mucho más sencillo, y voy a compartir la genial solución que se me ha ocurrido. Sólo tiene que pagarle a uno de los pilotos malos (el japonés que toque este año, Tiago Monteiro o alguno similar que no llame la atención repartiendo golpes de monoplaza) una buena prima (qué son un par de millones de euros por la felicidad mundial) para que a la salida le embista disimuladamente.
Después del pequeño incidente causado por el piloto primado, tendríamos como aspirantes al campeonato a Raikkonen y Alonso, y esos no me disgustaría tanto que ganasen. Para qué engañarnos, lo mejor sería que ganase Iceman, pero me conformaría con que Alonso le pudiese dedicar un «Jódete tú, niñato, y tu papaíto y el cabrón del jefe. ¡Y que se joda Mercedes, yo prefiero un Renault!» a su «equipo».
Por otra parte, ¿quién en su sano juicio prefiere un Renault antes que un Mercedes? Está claro que si el asturianico se cambia, lo hace para ser un tío más cercano y accesible, pilotando el coche mayoritario entre sus fans y seguidores, que sabe que son gente sencilla y humilde. ¡Qué gran corazón tiene nuestro talentoso piloto!