Al final no acerté el resultado, pero al menos sí ganó el Manchester, algo es algo. De todas formas, además de un partido igualado y no demasiado brillante (lo que se espera de una final, vamos), algo me resultó curioso.

No creo que me equivoque mucho si digo que Cristiano Ronaldo puede que sea una de las personas más envidiadas del planeta. Tiene dinero, fama, talento, carisma, es guapo, … y aún así, pudo llorar de rabia y frustración igual que haría cualquiera cuando estuvo a punto de perder lo que más quería en ese momento, sin que durante unos instantes no importase todo lo que tiene, más que el fracaso en sus ambiciones y la insatisfacción con uno mismo.  Cierto es que en dos minutos el ganador fue él y volvió a llorar, pero esa vez de liberación y felicidad, sollozando como haría otro cualquiera…

La otra modalidad de llanto solo tuvo una modalidad, la de tristeza y desesperación, en este caso del capitán del equipo que perdió, y responsable de fallar el penalty que podría haberles hecho ganar.

Supongo que, igual que la muerte, el llanto nos iguala.