O de como algo a priori tan molesto como la lluvia puede transformarse en algo precioso si lo miras a través del cristal adecuado.
Yo creía que odiaba la lluvia, es tediosa, te impide hacer cosas y no te deja tener un día normal… de hecho iba a escribir un post similar diciendo las cosas que no me gustan de ella… pero al leer lo que Hugo ha escrito me he dado cuenta de (también) hay ciertas cosas de la lluvia que me encantan, la lluvia las cambia , haciendo que deje de ser algo cotidiano, hasta hacerlas especiales.
Puedes acabar de jugar un partido de fútbol bajo la lluvia y sentir que estás a punto de morir al acabar, pero en la ducha, bajo el agua caliente, sientes como el agua fría resbala por tu cuerpo y entras en calor, simplemente te renuevas. El pelo de todos los días se transforma un peinado que cualquier otro día sería imposible, liso, resbaladizo, goteando encima de los hombros. Gotas que se deslizan hasta calar el cuello del jersey, por dentro de la cazadora. Haciendo que la ropa de cada día se transforme completamente, desde el color hasta el peso y la textura… Un simple paseo solitario por una calle llena de gente se transforma en una carrera contra la gente que te ataca con sus paraguas, que hacen más daño que unas inofensivas gotas. Los pies pisan distinto, tras llevarlos empapados unas horas, con las zapatillas caladas hasta la lengüeta, cambia el sonido de las pisadas, cada paso es diferente. La lluvia cambia una simple tarde en casa, oyendo las gotas golpear violentamente contra las ventanas y el tejado, como queriendo entrar a hacerte húmeda compañía, los discos en una tarde de lluvia no suenan igual. De pequeño me gustaba cuando llovia porque me ponía botas katiuskas y eras inmune a los charcos, me sentía un tipo importante… ya no lo hago, pero aún es divertido el recuerdo. Cuando llueve se puede ver el auténtico Casco Antiguo de Compostela, mojado, resbaladizo, gris, melancólico y más dispuesto a una foto en blanco y negro que nunca. Además, la lluvia hace posible cosas que me encantan como compartir paraguas con ella, o los largos besos bajo la lluvia, como si nada más importase.
Con semejantes pequeños trozos de felicidad, para que ponerme ahora a pensar sobre que cosas no me gustan de los dias lluviosos y hacer una lista con ellas… mejor centrarse en lo positivo, me quedo con lo que me gusta. Y yo que me iba a quejar de cuanto llueve en Galicia y acabo dando gracias por esos días grises que acaban siendo especiales…