Chica meando

… o como la más estúpida pregunta puede tener respuesta en internet. SGS, Santiago, en definitiva, ese comentarista que se deja caer por aquí con todo tipo de nicks, y amigo en la vida real, me hizo una pregunta filosófica:

¿A qué sabe mi propia orina?

Él se creía que lo dejaría pasar, o que le haría comprobarlo por sí mismo… Pero no. Lo primero que hallé fue que la orina de los diabéticos sabe especialmente dulce, por su incapacidad para eliminar la glucosa:

Tras un largo intervalo fue Tomás Willis quien, en 1679, hizo una descripción magistral de la diabetes, quedando desde entonces reconocida por su sintomatología como entidad clínica. Fue él quien, refiriéndose al sabor dulce de la orina, le dio el nombre de diabetes mellitus (sabor a miel). En 1775 Dopson identificó la presencia de glucosa en la orina [1].

Vale, pero… ¿ y la gente sin diabetes? Si la de los que tienen la enfermedad es especialmente dulce… la de los que no la tienen, será menos dulce y más salada o amarga… He aquí una respuesta:

Healthy urine, especially the first evacuation in the morning, always tastes salty and bitter. This taste, however, will not be conducted through the capillaries of the tongue, but solely through the nose. If you pinch your nose while drinking, you will not taste anything. [2]

Traducción libre:

La orina sana, especialmente la primera evacuación mañanera, siempre sabe salada y amarga. De todas formas, este sabor no se conduce a través de los capilares de la lengua, sólo a través de la nariz. Así que si te tapas la nariz mientras bebes, no te sabrá a nada.

Así que sí, lo que yo me temía. Un sabor medio salado, medio amargo.

Evidentemente, las fuentes tienen una credibilidad más que relativa. Así que ¡colaborad con el blog, comprobad, investigad, sed partícipes de los avances de la ciencia!

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Fuentes:

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